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miércoles, 22 de octubre de 2014

Las locomotoras sin hogar y su uso en los tranvías de vapor

Recientemente se ha abierto un hilo de debate en la página Forotrenes sobre las locomotoras sin hogar en España. Creemos que se trata de una buena excusa para hablar de este tipo de locomotoras y sus posibles aplicaciones en los tranvías de vapor, pues por sus principales características (falta de emisión de chispas, etc., tal y como establecía la legislación vigente), eran, teóricamente, muy adecuadas para este tipo de ferrocarriles.

Siguiendo lo expuesto en uno de los maravillosos y exhaustivos tratados de finales de siglo sobre tranvías, el titulado La traction mecánique des tramways. Étude des différents systèmes, comparaison et prix de revient, del ingeniero francés Raymond Godfernaux, de 1898, los tranvías con tracción mecánica se pueden dividir en tres categorías según el origen de la fuente de tracción:
  • «Tranvías en que la energía se produce directamente en el carruaje mismo». Incluye básicamente la tracción vapor, excepto aquellos vehículos sin hogar.
  • «Tranvías en que se toma la energía de una estación central y se almacena en el vehículo, de modo que éste pueda efectuar cierto trayecto, al cabo del cual tiene que volver á la fábrica para renovar su provisión de energía». Incluye los tranvías sin hogar, los de aire comprimido, los de gas y los eléctricos de acumuladores.
  • «Tranvías en las que la energía se produce en una estación central, pero se distribuye á los coches por medio de conductores, á medida de las necesidades». De este tipo son los tranvías funiculares y todos los eléctricos, independientemente del modo en que el fluido eléctrico es trasladado (cable aéreo, subterráneo, etc.).

Si nos centramos en el segundo tipo de locomotoras descrito, uno de los diseños con mayor éxito a la hora de reducir o eliminar completamente la emisión de humos y chispas fue el uso de locomotoras sin hogar («sans foyer» en francés), diseño debido al ingeniero estadounidense Edouard Lamm. Se trataba, básicamente de unidades sin caldera para la producción de vapor, a las que se inyectada agua a gran temperatura, procedente de una caldera de vapor fija, para la generación de vapor en la propia locomotora, la cual, obviamente, tenía una autonomía limitada. 


Esquema de una locomotora sin hogar, tipo Francq-Lamm. Archivo autor


El principio físico en el que se basa este tipo de locomotoras es el siguiente:

Cuando la presión á la que se somete una masa de agua en ebullición disminuye sucesivamente, se produce un desprendimiento de vapor que puede accionar sobre motores.

La locomotora diseñada por Lamm se experimentó por primera vez en la línea de St. Austin-Neuilly de Nueva Orleans en 1871. Tras la muerte de éste, acaecida poco después, la introducción de su locomotora en Europa y su perfeccionamiento se debe al ingeniero francés M. Léon Francq, que en 1875 patentó su propio diseño.

Esquema de una locomotora sin hogar, tipo Francq-Lamm. Archivo autor

Entre las ventajas de dichas locomotoras, el propio inventor relacionaba las siguientes: a) la producción de vapor a bajo precio en calderas fijas, utilizando el carbón ya que proviene de las minas, b) la reducción de peso muerto, ya que la máquina no tiene combustible, c) el uso de una fuerte presión para subir las rampas, d) la reducción de personal, pues un hombre basta para conducir y controlar la locomotora, pudiendo prescindir de la figura del fogonero. La teórica economía que se deriva del uso de este tipo de locomotoras se puede cuantificar en los siguientes términos:

El gasto de jornales y material consumido en las locomotoras sin fuego es menos de 25 céntimos de peseta por kilómetro, y en las locomotoras de tranvías ordinarios asciende á 34 céntimos, ó sea un 36 por 100 más caro. Y sin embargo de ser el capital necesario para establecer una línea con locomotoras sin fuego tan sólo el 75 por 100 del que se precisa para las otras, las utilidades de las líneas cuyo sistema describimos son de cuarenta á cincuenta por ciento mayores que las obtenidas por el sistema ordinario.

Como hemos afirmado en la introducción, a causa de sus características, entre las que destacan la reducción de ruido y de chispas así como la emisión de humos, y su relativa corta autonomía, hizo de estas locomotoras un modelo ideal para el uso en las redes tranviarias, de trazados por zonas urbanas de no muy largo recorrido. Así, las pruebas de la locomotora primitiva de Francq se desarrollaron en el trazado del tranvía parisino de Saint-Augustin al boulevard Binea, de unos 4 kilómetros de longitud y, aunque no fueron muy exitosas —a causa de la fuga de gran cantidad de vapor—, el desarrollo posterior de dicho modelo tuvo cierto cierta difusión en la líneas tranviarias francesas, pues varias unidades fueron usadas en las redes de París (desde 1877), Lille (1878), Lión (1888) y Marsella (1893).


Dos vistas de locomotgoras sin hogar circulando por las calles de París. Fuente: wikipedia

Los constructores de dicho modelo fueron los fabricantes franceses Cail y Fives Lille, que construyeron una treintena de locomotoras de dos ejes, con un diámetro de ruedas de 762 milímetros y cuyos ejes estaban separados por una distancia de 1.300 mm, lo que permitía la inscripción de la locomotora en curvas de hasta 15 metros de radio.

Locomotora sin hogar tipo Francq-Lamm construida por Fives Lille. Fuente: wikipedia

La influyente Gaceta de los Caminos de Hierro publicó el año 1881 un interesante artículo en el que se detallan las características de estas locomotoras y que reproducimos a continuación:

Los proyectos para la construcción de tranvías hechos durante el último decenio han ocasionado también muchos para la de locomotoras destinadas á servir especialmente para la tracción de los coches de esos mismos tranvías en las calles de las poblaciones.

Para evitar los inconvenientes del fuego ordinario en las máquinas de los tranvías, se han hecho nuevos experimentos, y algunos de ellos que han dado resultados bastante satisfactorios. De todos los sistemas ensayados, resultan de valor el aire comprimido y el que toma el vapor de una caldera fija, para almacenarlo en el depósito de la locomotora. Los ingenieros Francq y Lamm, de París, han construido locomotoras de este segundo sistema, que están prestando servicio en los tranvías de París (entre Marly [Rueil] et Marly le Roi) y en Lille, cuya explotación está dando los resultados más satisfactorios.

La locomotora consiste en un depósito de forma cilíndrica, hecho de planchas de acero, que sirve de caldera, y el mecanismo de la máquina está colocado entre las dos gualderas longitudinales de un modo muy parecido en la construcción á la de las locomotoras ordinarias.

Antes de la salida del tren, se llena el dicho depósito de agua y se pone en comunicación con el tubo de vapor de una caldera fija establecida en la estación, ó en una casilla especial construida exprofeso para la colocación de esta caldera; y, por medio de una presión proporcionalmente alta, se calienta el agua muy pronto á una elevada temperatura. Después, se quita el tubo de vapor perteneciente á la caldera fija, y la locomotora está lista para hacer servicio. La presión disminuye poco á poco, y se forma el vapor que sirve para el movimiento de la locomotora. La uniformidad de la presión se regula de una manera muy ingeniosa, de modo que tenga 16 atmósferas al tiempo de salir y 3 al llegar á su destino. De esta manera, se regula la presión, para que tenga siempre 3 atmósferas detrás del émbolo de los dos cilindros de vapor. Pero si hay pendientes en el trayecto de la línea el maquinista puede mover la palanca y, con un solo movimiento, toda la presión se acumula en el émbolo. La disminución del calor es extraordinariamente pequeña, pues si la temperatura del aire es de 0 grados (punto de hielo) y la máquina está parada en esta temperatura cuatro horas, la disminución del calor no resulta más que de una sola atmósfera. El vapor no se escapa al aire, sino que es precipitado en un condensador de aire formado por 600 tubos aproximadamente.

Para la construcción y venta de este tipo de locomotoras D. Francq constituyó la «Compagnie continentale d’explotation des locomotives sans foyer», representada en España por el ingeniero Otto Peine.

En varias de las fuentes bibliográficas consultadas se ha afirmado, erróneamente, que algunos de los tranvías de vapor de Barcelona —especialmente la línea de San Andrés— usaron locomotoras «sans foyer» de este tipo. Desconocemos el origen de la confusión, sin duda trasmitida de autor a autor, pero lo cierto es que todas las locomotoras de vapor usadas en los tranvías de la Ciudad Condal ―y en España― eran de tipo convencional, con hogar.


_______________________
Para más información sobre este tipo de locomotoras, recomendamos la lectura de la obra FRANCQ, Léon (1892), La locomotora sin hogar. Estudio comparativo de los diversos sistemas de locomotora propuestas para la tracción de los ferrocarriles vecinales y tranvías, que se conserva en la biblioteca del Palacio Real de Madrid.

jueves, 7 de agosto de 2014

Blog "Madrid, transportes urbanos": el duro final de los tranvías de vapor en Madrid

Hace algunos meses dedicamos a reseñar el contenido de un blog ("Rails i ferradures") por el interés y la calidad de sus publicaciones.
 
En esta ocasión dedicamos nuevamente una entrada a reseñar el contenido de otro blog, titulado "Madrid, transportes urbanos", cuyo autor es nuestro amigo José Antonio Tartajo. Se trata de una página web que inició su andadura a inicios del presenta año y que a fecha de hoy ha publicado ya una sesentena de entradas, centradas principalmente en la historia de los transportes urbanos (tranvías, trolebuses, autobuses, metro...) de Madrid, aunque como el autor destaca en el post de presentación, también se incluyen "otros estudios sobre temas generales de transporte urbano, suburbano o interurbano en España y en otros países." Entre las joyas que este dinámico blog ofrece (no podría ser de otra manera dada la importancia y la calidad de la investigación realizada por su autor) figura una historia revisada delos tranvías de Madrid, disponible libremente en formato PDF.
 
 
 
 
Sobre la temática que nos interesa, Tartajo publicó entre los meses de febrero y marzo una serie de cuatro artículos titulada genéricamente "El duro final de los tranvías de vapor de Madrid", que recoge la historia de las líneas existentes en Madrid de este medio de transporte (y que fueron incorporados en nuestro libro sobre los tranvías de vapor en aquella ciudad, pues Tartjo fue uno de los principales colaboradores de aquel volumen).
 
Mapa de los tranvías de vapor existentes en la ciudad de Madrid
 
El contenido de cada una de las entradas es el siguiente:
  • Capitulo 1 (24 de febrero de 2014): dedicado al tranvía de Leganés y a la red de tranvías de la Compañía Madrileña de Urbanización (Ciudad Lineal).
"La maquinilla" de la CMU

  • Capítulo 2 (27 de febrero de 2014): centrado en el Tranvía Metropolitano o de la Necrópolis, de breve vida.
Fotografía de fábrica de una de las locomotoras del tranvía Metropolitano

 
  • Capítulo 3 (1 de marzo de 2014): dedicado a la complicada historia (y metamorfosis) del tranvía de vapor de Madrid a Vallecas.
Horarios del tranvía de vapor de Vallecas
  • Capítulo 4 (5 de marzo de 2014): con la historia del tranvía de vapor de Madrid al Pardo.
 
Igualmente, el contenido completo de las cuatro entradas puede descargarse en formato PDF en este enlace.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Las locomotoras Leonard Todd del tranvía de la costa (Santander)

Como anunciábamos en una entrada anterior, y con retraso con lo originalmente previsto (en parte motivado por la "acumulación" de proyectos bibliográficos; véase la página de libros en preparación de MAF), publicamos la entrada sobre las interesantísimas locomotoras construidas por Leonard Todd para el tranvía de la Costa (o de Ganadarillas) de Santander.


Historia

En relación con su volumen de población, Santander fue una de las ciudades españolas con una mayor densidad de tranvías de vapor, pues a lo largo de su historia, la capital cántabra contó con hasta tres líneas que usaron dicho sistema de tracción. Se da el caso que dos de las tres líneas conectaban la ciudad con la zona del Sardinero, al norte de la misma y muy frecuentada por bañistas y veraneantes debido a sus magníficas playas y a los diversos establecimientos turísticos y de salud (balnearios, casas de baños, restaurantes…) que allí se instalaron. Se trataba de los llamados tranvías de Gandarillas y del Pombo, mientras que la tercera línea era de tipo urbano (de hecho, su nombre era «Tranvía Urbano», si bien fue objeto de una extensa prolongación hasta Peña Castillo (para más información véase la excelente doble entrada dedicada a los tranvías de Santander en el blog Historias del Tren, de Juanjo Olaizola).

Cronológicamente, el primer proyecto que existió para construir un tranvía entre la ciudad y el Sardinero data de 1864, aunque hubo que esperar al llamado «tranvía de la costa» o de Gandarillas (por ser este el apellido de su principal promotor) para conectar ferroviariamente ambos núcleos.

Dicho proyecto fue presentado en 1872 por Pedro Ruiz Castellanos y Juan Manuel Morales García, domiciliados ambos en Madrid. El ancho de vía sería de 1.435 milímetros (posteriormente se reduciría a 1.400 mm) y la vía sería tendida con carriles de tipo Loubat con barras de 19 o 20 kilogramos per metro lineal. Aunque no había ninguna referencia explícita al sistema de tracción, éste sería mediante caballerías, aunque al cabo de poco tiempo, como veremos, se presentó la solicitud para su sustitución por locomotoras de vapor.

Tras obtener el visto bueno de las secciones tercera y cuarta de la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos el 9 de octubre de 1872 y del Negociado de Puertos el día 28 de ese mismo mes, el 3 de diciembre siguiente se aprobó el decreto de concesión así como el pliego de condiciones que debía regir la línea.

Diez días más tarde, el 10 de enero de 1873 la línea fue concedida, en la parte relativa a los terrenos de dominio público, a sus peticionarios por el rey Amadeo de Saboya, siendo publicado a continuación en la Gaceta de Madrid el pliego de condiciones que debía regir la misma.

Poco tiempo después de la obtención del permiso de la sustitución del motor a sangre por la tracción a vapor, los promotores de la línea transfirieron la concesión al empresario Santos Gandarillas y Udaeta, verdadero impulsor de la línea.

Vista parcial de la playa del Sardinero. Postal comercial. Colección del autor


Tras varias prórrogas, las obras prosiguieron normalmente y, finalmente, el 2 de octubre de 1874 se procedió al reconocimiento de las mismas por parte del Ingeniero Inspector encargado de la línea y del Ingeniero encargado del servicio marítimo, tras el cual se firmó, el día 20 de ese mismo mes, la consiguiente acta, paso previo a la autorización para la puesta en servicio del tranvía.

Debido a la fecha de finalización de sus obras de construcción, el tranvía no pudo ser inaugurado hasta la siguiente temporada de verano, entrando oficialmente en servicio en servicio el 24 de junio de 1875.


La cuestión del sistema de tracción. El fracaso de las locomotoras Todd

La primera referencia al cambio en el sistema de tracción de la línea, de las caballerías originalmente previstas al uso de locomotoras de vapor, la encontramos en el mes de enero de 1873, cuando la Gaceta de los Caminos de Hierro, reproduciendo la noticia publicada en un periódico local, afirmaba que el tranvía sería servido por «pequeñas locomotoras».

Hubo que esperar un par de meses para que la noticia sobre el cambio en el sistema de tracción se confirmase: el 5 de marzo de 1873, los promotores originales de la línea presentaron una instancia para la sustitución del sistema de tracción, de las caballerías establecidas en el proyecto original, al uso de las locomotoras de vapor «denominadas silenciosas de la invención de Leonard Todd de Inglaterra, toda vez que además de no ofrecer peligro alguno en la circulación ha sido ya autorizado por el municipio para la sustitución en la sección del camino comprendida en terrenos de la Municipalidad de Santander». Dicha petición fue finalmente autorizada el 28 de marzo siguiente.

A este respeto hay que hacer dos anotaciones importantes: en primer lugar, sobre la excepcionalidad de la fecha en que se realizó dicha solicitud, ya que constituye el primer intento de aplicar la tracción a vapor a un tranvía urbano español y, de hecho, pocas ciudades europeas habían ensayado o aplicado de manera regular este sistema de tracción mecánica. Sorprende, pues, no tan solo la solicitud por parte de los concesionarios, sino, y de manera especial, la respuesta positiva tanto del Ayuntamiento de Santander como, posteriormente, del Ministerio de Fomento, como veremos a continuación.

En segundo lugar, tal y como se verá de manera más detallada en el apartado de dedicado al material motor, la elección del citado constructor ―Leonard J. Todd― no deja de ser sumamente curiosa, pues se trataba de un fabricante casi «artesanal» con escasa experiencia en la construcción de locomotoras de vapor, y, de hecho, sus únicas realizaciones para tranvías fueron las unidades probadas ―existen dudas sobre su número exacto― en la ciudad de Santander, al parecer construidas en 1871 y que, por tanto, se erigen como una de las primeras locomotoras de vapor tranviarias construidas para una red europea.

El tranvía de Santander al Sardinero se convertía, así, en el primer tranvía español de tipo urbano en el que se autorizaba el uso de la tracción a vapor. 

Ello, sin embargo, no significa que en el momento de la inauguración de la línea, algo que como sabemos ocurrió en 1875, el sistema de tracción fuese el vapor, sino que, por el contrario, durante las temporadas veraniegas de 1875 y 1876 se usó la tracción mediante caballerías.

El motivo de este hecho hay que buscarlo en el fracaso que constituyeron las pruebas de las locomotoras de Todd que se realizaron durante el verano de 1874 y que podemos seguir gracias a la labor investigadora realizada por Manuel López Calderón en la prensa local de la época, especialmente en el periódico El Aviso.

A partir de dicha fuente sabemos, por ejemplo, que Gandarillas estuvo en Londres «para arreglar diferencias con el fabricante de las máquinas» y poco después, el 22 de julio siguiente, las locomotoras ―en número indeterminado, aunque lo más probable es que se tratara de tres unidades― llegaron al puerto de Santander. 

Las pruebas se iniciaron el día 29 de ese mismo mes e inicialmente se desarrollaron de manera satisfactoria, siendo objeto de elogios por la prensa local.

Sin embargo, pese a estos resultados iniciales satisfactorios, tan solo una semana más tarde leemos la voluntad de Gandarillas de introducir algunas modificaciones en la las locomotoras, al parecer, no contento con el resultados obtenidos.

Aunque no hemos podido confirmarlo, es probable que la necesidad de dichas modificaciones implicase el regreso de las locomotoras a Escocia para que fuese el propio constructor quien las llevase a cabo dado su envergadura. Por motivos que desconocemos, pero que podemos imaginar dada la complejidad mecánica de las locomotoras, lo cierto es que nunca más regresarían a Santander, poniéndose fin a esta interesante y pionera experiencia.


El constructor: Leonard J. Todd

El constructor elegido para el suministro de las locomotoras a usar en el tranvía de Santander fue Leonard J. Todd, de Leith (Escocia), opción realmente sorprendente por tratarse de un ingeniero sin, al parecer, experiencia previa en la construcción de locomotoras de vapor, aunque posteriormente diseñó un ómnibus de vapor para la línea de Edimburgo a Leith, con el nombre EDINBURGH y un locomóvil para carretera bautizado CENTAUR, así como diversos modelos de caldera vertical. 


Autobús de vapor para la línea de Edimburgo a Leith, diseñado por Todd. Fuente: The Engineer


Locomóvil CENTAUR, diseñado por Leonard Todd. Fuente: The Engineer


La relativamente abundante literatura existente sobre tranvías de vapor británicos coincide en afirmar que la locomotora fue construida (o por lo menos, diseñada) en 1871, información que, sin duda, ha trascendido de autor a autor. Sobre esta afirmación hay que hacer dos puntualizaciones: la primera se refiere al año de construcción, pues creemos que la fecha señalada hace referencia en realidad al año en que la locomotora fue diseñada, ya que, como sabemos, de hecho por aquellas fechas aún no se había presentado el proyecto de construcción del tranvía (algo que realmente sucedió en 1872), ni mucho menos se había decidido por dotar la línea de tracción mecánica (como acabamos de comentar, la solicitud en este sentido es de 1873). Por tanto, nos decantamos a pensar que la fecha exacta de la construcción pudiera haber sido, en realidad, 1873. Otra opción, que desgraciadamente tampoco podemos descartar ―aunque parece poco probable debido a los problemas surgidos durante las pruebas realizadas―, es que la locomotora no fuese adquirida nueva por el tranvía de Gandarillas y que en 1874 ya tuviera cierto uso previo, algo poco probable debido a su peculiar ancho de vía.


Las locomotoras

La otra cuestión a comentar hace referencia al número exacto de locomotoras que Todd suministró: aunque hasta ahora nos hemos expresado en el texto como si de una sola unidad se tratara ―y así lo afirman las obras británicas anteriormente citadas―, las informaciones publicadas en la prensa cántabra sobre las pruebas realizadas en 1874 nos permiten saber que el número de locomotoras enviadas a España fue de tres. Ello explicaría por qué los grabados conocidos de las unidades construidas por Todd muestran aparentemente una misma locomotora con dos nombres distintos: PRIMA DONNA y SANTANDER. Por razones obvias, nos decantamos a pensar que la primera denominación se refiere a la unidad primitiva construida por Todd (su nombre significa «primera mujer» en italiano), mientras que el nombre de la segunda nos remite ineludiblemente a la línea cántabra (desconocemos el de la tercera unidad, pero sería lógico pensar que pudiera llamarse SARDINERO, pues era relativamente habitual que la denominación de las primeras locomotoras de una compañía remitiesen a las dos localidades extremas unidas por la línea férrea en cuestión).

Gracias a los textos del propio constructor y a los numerosos grabados existentes ―que reproducimos aquí―, conocemos relativamente bien las características de las unidades enviadas a Santander.

Plano general de la locomotora. Colección autor

De rodaje 012T (algo realmente inusual, aunque en realidad en todos los esquemas conocidos la locomotora circulaba en posición invertida, para convertirse así en una 210T), fue concebida para evitar al máximo la emisión de ruido, humo y vapor, y «tiene grandes facilidades para ponerse en marcha y detenerse con rapidez». Estaba dotada de una caldera de gran capacidad de agua y con un hogar muy pequeño. En palabras del propio autor, 

La caldera y todos los forjados son de hierro Lowmoor, y siempre que sea posible, las superficies, incluso para las articulaciones del aparato de tracción, están templadas por cementación, pues todas las locomotoras de la carretera tienen que lidiar con una cantidad mucho mayor de polvo insidioso que cualquier otro motor ferroviario habitual. Las cajas de fuego son de cobre, ya que aunque son de pequeñas dimensiones, todavía son objeto de un intenso calor, y los tubos son de latón. El engranaje es mediante ruedas dentadas y la mayor parte de las piezas coladas metálicas son de acero. Los discos de las ruedas de conducción proceden de Arboga (Suecia), con neumáticos Lowmoor para ganar adhesión en lo posible en un carril de la calle resbaladiza, por lo que unido a su gran diámetro y el peso que llevan los hace correr un gran kilometraje. Las ruedas motores principales y del bogie son intercambiables con las ruedas de los coches; estas ruedas son igualmente discos Arboga. El cigüeñal hace 150 revoluciones a una velocidad de diez kilómetros por hora. Los cilindros no están encamisados. En estos motores se desea que los cilindros puedan estar siempre húmedos con la condensación, y por lo tanto, se quiere lubricar los pistones y las válvulas sin la gran cantidad de grasa que un cilindro encamisado caliente seco requiere.


Sección de la caldera. Colección autor


Las locomotoras estaban diseñadas para arrastrar dos coches de viajeros de dos pisos, con capacidad para 76 viajeros, por lo que su chimenea, practicable, se elevaba hasta los 4.394 mm y superar, así, la altura de los coches. Desconocemos si los coches también fueron probados en Santander o bien se usó la locomotora sola o remolcando cualquier otro tipo de coches.

 Gravado procedente del tratado de tranvías publicado por Clark (1881) en la que se aprecia una de las locomotoras Todd remolcando un coche de viajeros de pos pisos.

Como se ha comentado, las tres locomotoras construidas por Todd llegaron al puerto de Santander en el mes de julio de 1874 y tras unas primeras pruebas con resultados aparentemente satisfactorias, fueron devueltas al fabricante para hacerles reparaciones de cierta envergadura, práctica que creemos que no llegó a materializarse pues las locomotoras ya no volvieron a la Península. Desconocemos el final real de estas unidades, pero nos decantamos por pensar que ya no volvieron nunca más a circular, pues no hemos encontrado ninguna referencia sobre su uso en Gran Bretaña.






martes, 4 de septiembre de 2012

Venta de locomotoras (¿tranviarias?) en 1898

Gracias a la información facilitada por Javier Fenrnández, director del Museo del Ferrocarril de Asturias, hemos podido localizar un anuncio publicado en 1898 en la prestigiosa Revista Minera acerca de la venta de dos locomotoras de vapor, "de 6 y 8 toneladas" por parte de un particular o razón social de Barcelona, concretamente por un tal Sr. Francisco de A. Mas.



En relación a la posibilidad que procediesen de alguno de los tranvías de vapor con que contó la ciudad hay que comentar lo siguiente:

  • En 1898 ninguno de los tranvías de vapor de la ciudad de Barcelona había sido electrificado (todos lo fueron en los primeros años del siglo XX). De hecho, el primer tranvía barcelonés en adoptar el nuevo sistema de tracción fue el llamado tranvía de circunvalación (por su trazado siguiendo aproximadamente el perímetro de las murallas) en 1899 en sustitución de la tracción animal. ¿Se desprendió algún tranvía de alguna de sus locomotoras antes de procederse al cambio de tracción? Parece algo poco probable, teniendo en cuenta que, a excepción del tranvía de la Sagrera a Horta, el resto de líneas tenía un tráfico importante de viajeros, que fue precisamente lo que motivó el cambio de tracción. 
  • El nombre que aparece en dicho anuncio (Francisco de A. Mas) no corresponde a ningún miembro de ningún consejo de dirección de ninguna de las compañías tranviarias que usó la tracción vapor, por lo que en caso de proceder dichas unidades de la red tranviaria podría tratarse de algún intermediario o de algún chatarrero que hubiera adquirido previamente el material. 
  • Lo del peso de 6 y 8 toneladas para locomotoras de ancho métrico nos indica que realmente se trataba de unidades de pequeñas dimensiones, de dos ejes acoplados seguramente, característica en que coinciden todas las locomotoras que se usaron en los tranvías de la ciudad. Rebuscando en los listados de locomotoras usadas en la ciudad, coinciden en el peso aproximado de seis toneladas las locomotoras 6-15 del tranvía de Sant Andreu de Palomar (Merryweather, construidas entre 1877 y 1878), y en el de ocho toneladas la mayor parte del resto (incluidas las dos primeras de la MTM, las Falcon de la línea de la Sagrera y de Sarrià y las cuatro Krauss del tranvía de Badalona). De ninguna de ellas conocemos destino posterior a su trabajo en Barcelona, excepto del de una de las Falcon de Horta que trabajó durante muchos años en el puerto de Tarragona conservando su aspecto original y que durante la temporal estival de 1916 trabajó en el Reus-Salou. 
  • Aún sin descartar su posible origen tranviario, me decanto a pensar que podría tratarse de algunas unidades de tipo industrial (aunque ciertamente me choca su ancho métrico), quizás porque en el anuncio dice, por este orden, «para ferrocarriles, talleres y tranvías», algo que no parecería muy lógico (pero quizás sí desde el punto de vista comercial) si se tratase de unidades tranviarias. Sobre de donde podían proceder, ni idea, pues la calle del Carme que se cita en el anuncio es una calle situada en pleno casco antiguo de la ciudad, donde no parece nada probable que existiese ninguna industria que contase con una red de este tipo, por lo que más bien debía ser únicamente el lugar donde el tal señor Mas tenía su despacho o sede.
Como siempre, cualquier información seré bienvenida.

jueves, 26 de julio de 2012

Algunos apuntos sobre las locomotoras Tubize tranviarias en España

Traemos nuevamente a este blog una noticia relacionada con la construcción de modelos a escala, y que, como en el caso de la maqueta que reseñamos hace algunos meses, nos da pie a hacer algunos comentarios acerca del modelo real en el que se basa.

En efecto, leyendo el siempre interesante portal ferroviario Forotrenes, hemos tenido conocimiento de la construcción en escala H0 (1:87) de una locomotora tipo tranvía por parte del excelente modelista y fabricante artesanal español Carlos Lacalle. Sin embargo, el modelo escogido no es ninguno de los que circuló por nuestra red de tranvías de vapor, sino la reproducción de una locomotora de la red de Tramways de la Sarthe, una extensa red de vía métrica con centro en la ciudad francesa de Le Mans.

Prototipo (a falta de detalles, como la chimenea) del modelo fabricado por Lacalle (foto: http://www.miniaturaslacalle.es)

En concreto, la locomotora reproducida es la número 60, que actualmente se encuentra preservada, con el reconocimiento de «monumento histórico», en estado operativo por la Association Musée des Tramways à Vapour et des Chemins de Fer Secondaires Français (MTVS). Se trata de una unidad de rodaje 030Tr construida por Tubize en 1898, con el número de fábrica 1.100 (aunque también lleva placas de Blanc Misseron, número 213). Sobre esta numeración de fábrica, hay que comentar que Baddeley, en su obra de referencia sobre los tranvías de vapor en el continente europeo, asigna los números de fábrica 1099-1101 de Tubize (212-214 de Blanc Misseron) a las locomotoras 57-59, algo que aparentemente entra en contradicción con la identidad comentada de la unidad preservada por la MTVS.

La locomotora presrvada por MTVS (foto: http://www.musee-mtvs.com)

Este mismo modelo de locomotora Tubize – Blanc Misseron fue adquirido por algunas otras compañías tranviarias europeas, entre ellas la poderosa Société Nationale des Chemins de Fer Vecinaux (SNCV) belga, que englobó seis locomotoras de este modelo (Tubize 830-835 de 1891) en su serie 13 (juntamente con seis locomotoras Couillet y otras seis unidades fabricadas por La Meuse), recibiendo los números 422 a 437. Y aquí viene el caso curioso, ya que por lo menos una de las unidades Tubize (aparte de algunas Couillet y La Meuse) terminó sus días en España, aunque en este caso desprovista de sus carenados tranviarios: se trataba concretamente de la número 422 (Tubize 830), adquirida por el ferrocarril de Castro Urdiales a Traslaviña hacia 1899, donde recibió el número 6 MIOÑO.

Pero ésta no fue, en realidad, la única locomotora Tubize de tipo tranviario que circuló por España, pues investigaciones realizadas de Javier Fernández (vésase Maquetren núm. 46) permitieron identificar la locomotora número 3 de la sociedad Hullera Vasco-Leonesa como la Tubize número 1026 (Blanc Misseron 168), de 1896, y que formaba parte de una lote de 20 unidades (Tubize, 1008-1027; Blanc Misseron, 150-169) suministrado a la también francesa Compagnie des Tramways Départamentaux des Deux Sevres). Como en el caso anterior, esta unidad circuló en España desprovista de su carenado tranviario.


La locomotora 3 de la Hullera Vasco-Leonesa,antes de su traslado a Madrid (foto: José Antonio Gómez. http://www.locomotoravapor.com)

Dicha locomotora se encuentra preservada en la actualidad por el CIFVM madrileño, mientras que la AMTUIR francesa conserva la número 3 (Tubize, 1010) con su carrocería original.

Finalmente, algunas unidades de este fabricante circularon, bien compradas nuevas, bien de segunda mano, en la red de los Trancías Vecinales de España en Alicante (líneas a Elche, Crevillente y Muchamiel).

miércoles, 7 de marzo de 2012

Más de los "Anales de la construcción y de la industria"

Como ya citamos en una entrada anterior, gracias a la amabilidad de Javier Fernández, hemos tenido conocimiento de la revista Anales de la construcción y de la industria, que durante su corta vida (1876-1890) publicó algunos interesantes artículos y notas sobre los tranvías en España.

Reproducimos en esta ocasión dos notas referidas al tranvía de vapor de Barcelona a Sant Andreu del Palomar. La primera se refiere a las pruebas efectuadas en 1877 por una de las locomotoras Merryweather de la línea (de las que se llegó a contar con 15 unidades):


Una de las locomotoras Merryweather del tranvía de
Sant Andreu al que se refiere la noticia publicada.

La segunda es la reseña de de la inauguración en 1879 de la vía doble:



Plano de la disposición de la doble vía en el centro de la calle del Clot.

domingo, 5 de febrero de 2012

Otra (e inédita) fotografía de un tranvía de vapor de la CMU

El usuario "Pacheco" ha colgado una excelente fotografía de uno de los tranvías de vapor de la CMU en el hilo dedicado a los tranvías en el portal Forotrenes, que reproducimos aquí.


En la imagen se aprecia una composición formada por una de las locomotoras 1-9 de la CMU sin identificar remolcando un par de coches de viajeros 18 y 27, este último realmente con un aspecto curioso.

martes, 10 de enero de 2012

Dudas sobre las locomotoras empleadas en el tranvía de Madrid a Vallecas (ancho métrico)

En total la línea contó con cinco unidades que prestaron servicio de manera regular, más una locomotora cuyo paso por la línea, si es que llegó a producirse, debió ser efímero. Cuando la CMU se hizo cargo de la línea, dichas seis unidades fueron numeradas 10-15, a continuación de sus nueve unidades empleadas en las líneas de la Ciudad Lineal, suponemos que en sustitución de sus números originales en la línea de Vallecas, aunque no podemos confirmar que inicialmente las locomotoras llevasen una numeración correlativa a partir del número 1, como habría sido lógico. Por este motivo, nos referiremos a ellas o bien a partir del nombre de su constructor o bien citando el número que les asignó la CMU.

Las locomotoras Corpet 10-11

Para el inicio de la explotación de la línea tras su reconversión al ancho métrico, la Compañía del Tranvía de Arganda adquirió en 1887 dos locomotoras gemelas a la firma francesa Corpet, ubicada en París y, desde 1912, en La Courneuve.

Las suministradas al tranvía de Vallecas (números de fábrica 443 y 444) eran dos pequeñas unidades, de tan solo 5.340 mm de longitud y rodaje 020T, creemos que ya desde su inicio desprovistas de las tradicionales protecciones de las locomotoras tipo tranvía. Según la lista de fábrica, fueron suministradas a Georges Polack, administrador de la compañía del tranvía.[1]

La primera locomotora llegó antes del ya citado reconocimiento del día 14 de septiembre de 1887, mientras que la segunda unidad debió llegar poco después, a fin de poder inaugurar, en el mes de noviembre siguiente, la explotación de la línea con tracción a vapor.

Desde ese momento prestaron servicio de manera regular, y tras la adquisición del tranvía por la CMU en 1908, fueron numeradas 10-11, a continuación de las nueve unidades que esta empresa disponía para sus líneas de la Ciudad Lineal, aunque en aquel caso, como sabemos, se trataba de unidades de ancho de vía internacional.

No hemos podido determinar con exactitud la fecha de retirada del servicio de ambas locomotoras, pero todo parece indicar que dada su antigüedad, no llegaron al fin del tranvía en 1931. Sí sabemos, por ejemplo, que la locomotora 10 se encontraba en una amplia revisión en el mes de marzo de 1910, en la que se hicieron pequeñas reparaciones y mejoras y que se aprovechó para dotarla de salvabarros,[2] y, un mes más tarde fue dotada de matachispas en la chimenea, operación que también se efectuó en la número 11.[3] La locomotora sufrió nuevas reparaciones en abril[4] y septiembre de 1912.[5] Por su parte, la número 11 entró en reparación en abril de 1910 para la colocación de nuevos ejes, llantas, tubos de calefacción y movimiento,[6] operación que se repetiría en septiembre de 1911.[7]

Las locomotoras Saint Leonard 12-13

Con el fin de ampliar el parque de locomotoras de la línea, compuesto hasta aquel momento con toda probabilidad únicamente por las dos Corpet reseñadas, una de las primeras acciones de la nueva sociedad Compañía del Tranvía de Madrid á Arganda por Vallecas fue la adquisición de dos nuevas locomotoras, esta vez suministradas por la firma belga Saint Leonard (números de fábrica 901-902 de 1891).

Nuevamente se trataba de locomotoras convencionales, de rodaje 030T, sin las características propias de las locomotoras tipo tranvía, aunque este mismo constructor había suministrado poco antes (entre 1889 y 1890), tres unidades de este último tipo para el tranvía de vapor de Pontevedra al puerto de Marín.

En 1908, ya en manos de la CMU, se numeraron a continuación de las Corpet, recibiendo, al parecer, los números 12 y 13, aunque algunas informaciones encontradas parecen indicar que en esa fecha pudieran no estar en disposición de prestar servicio.

En efecto, una nota publicada en 1910 en La Ciudad Lineal hablan de la locomotora número 13 como una locomotora «que adquirimos desmontada»[8] ―expresión que nos hace dudar del origen real de esta locomotora― y en la que fue necesaria una intervención de cierta envergadura para poder ponerla en servicio. A este respeto existen dos hipótesis: la primera es la que nos lleva a pensar que realmente la locomotora analizada era una de las Saint Leonard de 1891 y que en 1908 ―momento en que la CMU adquirió la línea y todo su material motor y móvil― se encontraba en un estado de conservación lamentable (lo que explicaría la expresión «desmontada») y en la que necesariamente hubo que hacer tareas de reconstrucción importantes. De hecho, una noticia del mes de septiembre de 1909 nos indica que

Ha sido reparada en nuestros talleres, hasta el punto de hacerla casi nueva, una caldera que la antigua Empresa nos había dejado poco menos que inservible.

Reconocida por el inteligente ingeniero, seño Arregui, Inspector de aquella línea y habiéndola encontrado en inmejorables condiciones técnicas en breve la pondremos en circulación para seguir perfeccionando el servicio.[9]

No ha sido posible identificar a qué caldera se refiere, pero es probable que se refiera a la de la locomotora 13, cuyo montaje quedó en el mes de julio de 1910.

La hipótesis que se trata de una de las Saint Leonard de 1891 parecería confirmada por la afirmación que, aprovechando su reconstrucción, se hicieron en ella mejoras de importancia, dotándola, entre otras cosas, de engrasadores modernos Mollerup.[10]

La segunda hipótesis, por la que no nos decantamos, es que realmente la locomotora número 13 no fuese en realidad una de las Saint Leonard ―algo que contradeciría la totalidad de las fuentes bibliográficas consultadas― sino una unidad adquirida por la CMU cuyo origen y detalles desconoceríamos.

Sea como fuere, las pruebas oficiales de reconocimiento de la locomotora 13 para su puesta en servicio tras la reparación se llevaron a cabo el día 26 de noviembre de 1910 y consistieron en un viaje de ensayo para comprobar el buen estado de la caldera,[11] tras el cual la locomotora fue autorizada a circular.

Desde aquel momento la locomotora prestó servicio de modo regular, y sabemos que entró en talleres para sendas reparaciones los meses de agosto de 1911,[12] septiembre de 1912,[13] ocasión en que se le arregló todo el movimiento de distribución, torneó las ruedas y se le instalaron nuevos cojinetes.[14]

Por su lado, la historia de la locomotora 12 debió ser similar a la de su hermana, pues probablemente su situación el momento de adquisición del tranvía por la CMU era no apta para el servicio regular. De hecho, aunque no podemos confirmar que se refiera realmente a esta locomotora, la siguiente nota aparecida en La Ciudad Lineal en julio de 1908 parece confirmar que su situación era algo mejor que en la que se encontraba la número 13:

En breve quedará reparada, como nueva, otra de las locomotoras de Vallecas, quedando el servicio de viajeros y de mercancías asegurado de muchas contingencias y no expuesto como antes á una total suspensión del tráfico durante varios meses con notorio perjuicio de los intereses del pueblo de Vallecas.[15]

Dicha reparación y otras menores efectuadas posteriormente le permitieron prestar servicio ininterrumpidamente durante cerca de un año y medio,[16] hasta que en el mes de octubre de 1910 entró nuevamente en los talleres de Vallecas para una reparación de envergadura, en la que incluso intervino personal desplazado desde el taller de la Ciudad Lineal.[17] Su puesta de nuevo en servicio se produjo en agosto de 1911,[18] entrando nuevamente en talleres en febrero de 1912.[19]

La locomotora Orenstein & Koppel 14

Con la entrada en servicio de las dos locomotoras Saint Leonard, el parque de tracción del tranvía quedaba formado por cuatro unidades (las dos belgas y las dos francesas), con el objetivo que dos de ellas prestaran servicio habitualmente, una quedara en reserva y la cuarta en talleres para su reparación.[20]

Sin embargo estas previsiones iniciales pronto se verían insuficientes, no por el volumen de tráfico del tranvía sino por la poca fiabilidad de dichas locomotoras a causa de su antigüedad y su escaso mantenimiento ―como lo prueban las constantes entradas en talleres para su reparación―, de modo que la CMU decidió adquirir una locomotora de nueva construcción, más potente que las anteriores, «para mayor comodidad del vecindario de Vallecas y mejor servicio».[21]

El fabricante elegido para la construcción de la futura locomotora número 15 fue la firma alemana Orenstein & Koppel, que la CMU ya conocía por haber suministrado parte de las locomotoras usadas en sus líneas tranviarias de la Ciudad Lineal.

La locomotora fue construida en los talleres de Berlín y salió de fábrica el mes de mayo de 1912 (número de fábrica 5.489),[22] llegando a Madrid el mes siguiente.[23] Su precio fue de 24.230 pesetas, de las cuales se pagaron 5.000 al hacer el pedido.[24]

Se trataba de una locomotora de mayores dimensiones que las anteriores, de tres ejes acoplados (rodaje 030T) y 90 caballos de potencia. La locomotora llegó desmontada y fue ensamblada en los talleres sitos en la estación de Vallecas,[25] empezando a prestar servicio ese mismo mes de julio, tras las pruebas oficiales realizadas el día 23 de julio por el ingeniero Federico Prados con presencia de Agustín Druet, en presentación de la Compañía.[26]

Desde entonces creemos que fue la locomotora que se usó preferentemente, no ya solo por su menor antigüedad sino por su mayor capacidad de arrastre.

El misterio de la locomotora 15

La sexta y última locomotora numerada por la CMU en su línea de tranvías de Arganda fue una misteriosa unidad que recibió el número 15. Al parecer, en esta ocasión no se respetó la antigüedad de la locomotora a la hora de numerarla, pues según parece dicha unidad tenía ya en 1908 una larga historia.

En efecto, las fuentes bibliográficas consultadas afirman que dicha locomotora había sido construida en 1884 por la firma Krauss (número de fábrica 1.497) para el tranvía de Madrid a Colmenar Viejo (rodaje 030Tr). Como veremos en el próximo capítulo, dicho tranvía nunca llegó a construirse en su totalidad, por lo que la CMU, tras unas largas y duras negociaciones, logró hacerse con el control de la empresa originaria a fin de eliminar la competencia que esta línea podía suponer, en caso de construirse, para su ferrocarril a Colmenar Viejo, inaugurado en todo su recorrido en 1911.

Entre los bienes adquiridos en 1909 figuraba dicha locomotora y cuatro vagonetas («una de ellas muy buena»)[27] para vía métrica, por lo que la CMU decidió su utilización en el tranvía de Vallecas, que poseía, como sabemos, este mismo ancho de vía. De hecho, existen varias fotografías del traslado de esta unidad por las calles de Madrid, en la que se aprecia como por aquel entonces ya había sido desprovista de sus protecciones características de locomotora tipo tranvía.



Tres imágenes del traslado de la locomotora del tranvía de Colmenar Viejo por las calles de Madrid con destino al tranvía de Vallecas. ¿Es esta la Krauss de 1884 vendida posteriormente al ferrocarril de Villacañas a Quintanar de la Orden?

El paso de esta unidad por la línea de Vallecas creemos que fue efímero, pues dos meses después ―en mayo de 1909― se afirmaba que había sido vendida por 22.500 pesetas (precio relativamente alto si se comprara con el precio pagado tres años después por la locomotora nueva de Orenstein & Koppel) a la sociedad del ferrocarril de Villacañas a Quintanar de la Orden.[28]

Sobre esta venta hay que puntualizar tres hechos relevantes:

  • En primer lugar, dicha unidad no figura en los listados que habitualmente se manejan sobre el material móvil de esta línea, que solo poseía una locomotora nueva (una Orenstein de 1907 que recibió el número 3) y tres adquiridas de segunda mano (que habrían recibido los números 2, 4 y 5). Queda así por conocer la identidad de la número 1, por lo que encajaría que pudiera haber sido asignada a esta locomotora procedente de la CMU, siendo el motivo por el cual no figura en la relación de locomotoras del ferrocarril por su temprana retirada del servicio, probablemente debido a su antigüedad.
  • En segundo lugar, la venta parece confirmarse por el hecho que en 1911 la CMU tan solo poseía cuatro locomotoras de ancho métrico para su línea de Vallecas, presumiblemente las dos Corpet y las dos Saint Leonard, de modo que la Krauss ya no figuraba en dicho listado debido a su probable enajenación.
  • En tercer y último lugar, sin embargo, hay que hacer una referencia a la numeración de la locomotora: si aceptamos la hipótesis de la venta de la locomotora en 1909 al ferrocarril de Villacañas a Quintanar de la Orden, parece inverosímil que en la CMU recibiera el número 15, pues, como sabemos, la número 14 (la Orenstein & Koppel) no llegó hasta 1912, cuando la locomotora Krauss hacía tres años que había sido vendida. Por consiguiente, no parece probable que dicha unidad recibiera dicha numeración ―a pesar de que así se afirma en la literatura consultada― y, de hecho, no hemos encontrado ninguna referencia a una unidad con esta numeración en La Ciudad Lineal.



1. Mohedas, César; Cámara, José Miguel (2009), El tren de Arganda, p. 18.

2. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 407 (20 de marzo de 1910), p. 1.882.

3. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 410 (20 de abril de 1910), p. 1.933.

4. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 483 (30 de abril de 1912), p. 148.

5. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 497 (20 de septiembre de 1912), p. 359.

6. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 410 (20 de abril de 1910), p. 1.933.

7. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 461 (20 de septiembre de 1911), p. 2.813.

8. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 407 (20 de marzo de 1910), p. 1.882.

9. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 388 (10 de septiembre de 1909), p. 1.546.

10. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 418 (10 de julio de 1910), p. 2.074.

11. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 440 (20 de febrero de 1911), p. 2.457.

12. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 458 (20 de agosto de 1911), p. 2.765.

13. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 497 (20 de septiembre de 1912), p. 359.

14. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 502 (10 de noviembre de 1912), p. 407.

15. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 349 (30 de julio de 1908), p. 892.

16. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 429 (30 de octubre de 1910), p. 2.270.

17. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 442 (10 de marzo de 1911), p. 2.493.

18. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 459 (30 de agosto de 1911), p. 2.778.

19. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 475 (10 de febrero de 1912), p. 49.

20. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 438 (30 de enero de 1911), p. 2.426.

21. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 481 (10 de abril de 1912), p. 123.

22. Según lista del constructor.

23. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 487 (10 de junio de 1912), p. 206.

24. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 481 (10 de abril de 1912), p. 123.

25. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 488 (20 de junio 1912), p. 218.

26. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 493 (10 de agosto de 1912), p. 287.

27. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 372 (20 de marzo de 1909), p. 1.269.

28. La Ciudad Lineal (Madrid), núm. 377 (20 de mayo de 1909), p. 1.353.