jueves, 7 de agosto de 2014

Blog "Madrid, transportes urbanos": el duro final de los tranvías de vapor en Madrid

Hace algunos meses dedicamos a reseñar el contenido de un blog ("Rails i ferradures") por el interés y la calidad de sus publicaciones.
 
En esta ocasión dedicamos nuevamente una entrada a reseñar el contenido de otro blog, titulado "Madrid, transportes urbanos", cuyo autor es nuestro amigo José Antonio Tartajo. Se trata de una página web que inició su andadura a inicios del presenta año y que a fecha de hoy ha publicado ya una sesentena de entradas, centradas principalmente en la historia de los transportes urbanos (tranvías, trolebuses, autobuses, metro...) de Madrid, aunque como el autor destaca en el post de presentación, también se incluyen "otros estudios sobre temas generales de transporte urbano, suburbano o interurbano en España y en otros países." Entre las joyas que este dinámico blog ofrece (no podría ser de otra manera dada la importancia y la calidad de la investigación realizada por su autor) figura una historia revisada delos tranvías de Madrid, disponible libremente en formato PDF.
 
 
 
 
Sobre la temática que nos interesa, Tartajo publicó entre los meses de febrero y marzo una serie de cuatro artículos titulada genéricamente "El duro final de los tranvías de vapor de Madrid", que recoge la historia de las líneas existentes en Madrid de este medio de transporte (y que fueron incorporados en nuestro libro sobre los tranvías de vapor en aquella ciudad, pues Tartjo fue uno de los principales colaboradores de aquel volumen).
 
Mapa de los tranvías de vapor existentes en la ciudad de Madrid
 
El contenido de cada una de las entradas es el siguiente:
  • Capitulo 1 (24 de febrero de 2014): dedicado al tranvía de Leganés y a la red de tranvías de la Compañía Madrileña de Urbanización (Ciudad Lineal).
"La maquinilla" de la CMU

  • Capítulo 2 (27 de febrero de 2014): centrado en el Tranvía Metropolitano o de la Necrópolis, de breve vida.
Fotografía de fábrica de una de las locomotoras del tranvía Metropolitano

 
  • Capítulo 3 (1 de marzo de 2014): dedicado a la complicada historia (y metamorfosis) del tranvía de vapor de Madrid a Vallecas.
Horarios del tranvía de vapor de Vallecas
  • Capítulo 4 (5 de marzo de 2014): con la historia del tranvía de vapor de Madrid al Pardo.
 
Igualmente, el contenido completo de las cuatro entradas puede descargarse en formato PDF en este enlace.

sábado, 19 de julio de 2014

Monorraíl Larmanjat de Lisboa

Tras varios meses de inactividad, debido a motivos profesionales (con una estada en la preciosa ciudad de Lisboa) y a otros proyectos bibliográficos, retomamos la actualización del blog con nuevas entradas.

Como homenaje a la ciudad que me ha acogido estos últimos tres meses, y a pesar de alejarnos un poco de la temática de este blog, posteamos una entrada sobre el curioso tranvía a vapor de Lisboa a Sintra y Torres Vedras, que tenía la particularidad de ser un monorraíl del sistema Larmanjat.
 
 
EL SISTEMA LARMANJAT
El monorraíl Larmanjat debe su nombre al ingeniero mecánico francés Jean Larmanjat (nacido el 4 de marzo de 1826 en Huriel e inventor de varios utensilios agrícolas y de una caldera de vapor «inexplosiva»), quien ideó un sistema ferroviario con un único carril en el que encajaba las ruedas situadas en el eje central de la locomotora y de los coches, que ejercían de guía. Para dar estabilidad a la composición, estas ruedas centrales se complementaban con unas ruedas laterales de apoyo ―que en las locomotoras eran las encargadas de la tracción― y que debían rodar sobre una superficie plana. Esta plataforma estaba formada preferentemente listones de madera situados a ambos lados del carril central a lo largo de todo el trayecto. Sin embargo, estas láminas de madera pronto se degradaron, lo que condicionó la estabilidad de la composición y fue el origen de numerosos descarrilamientos.
Reproducimos aquí parte de la descripción hecha en la prensa de la época:
El sistema es nuevo y su inventor Mr. Larmanjat. Lo primero que llama la atención son las dimensiones mínimas del motor, que es una locomotora muy pequeña, dispuesta para recorrer una vía que no tiene mas que un solo raíl, menos ancho y menos alto que los usados en los ferro-carriles ordinarios; raíl que se extiende como una larga cinta por toda la línea. Una sola rueda colocada delante, que se dirige á voluntad del conductor, es la que engancha en el raíl; otras dos, porque la máquina no tiene mas que tres, se apoyan en el suelo; son las ruedas motrices. La disposición del wagon [sic] no es menos original; está sostenido por dos ruedas situadas bajo la caja en el eje del carruaje, rodando sobre el raíl; además hay otras dos ruedas comunes á derecha é izquierda, cuyo objeto es asegurar el equilibrio del vehículo, impidiendo que vuelque. Las ruedas que soportan todo el peso son las que encajan en el raíl.
La maquinita, así que adquirió su velocidad normal, que es de 16 kilómetros por hora, encontró una pendiente muy pronunciada que durante un kilómetro próximamente va elevando el camino á 0,072 por metro, sin que esto disminuyera de una manera sensible la velocidad del tren. Semejante resultado demuestra una de las ventajas del sistema, que consiste en la posibilidad de subir grandes pendientes. No ofrece menores ventajas en cuanto al paso por las curvas, lo cual quedó probado en la segunda parte del trayecto, que presenta una serie de curvas de 20 metros, y á veces menos, de radio, todas las cuales fueron recorridas con una facilidad y una seguridad de marcha perfectas.
Entre las teóricas ventajas del sistema Larmanjat respecto de los ferrocarriles convencionales estaba su menor coste económico de establecimiento (según el autor, el precio por kilómetro era de 7 francos franceses de la época), que se completaba con el hecho que las líneas se tendían aprovechando calles y carreteras existentes, lo que evitaba tener que construir una explanación propia (de aquí que lo incluyamos dentro de la familia de los tranvías de vapor).
Fuente: Annales Industrielles
 
Fuente: The Engineer
 
EL MONORRAÍL LARMANJAT EN FRANCIA
El invento de Larmanjat fue presentado en la Exposición Internacional de París de 1867 y al año siguiente ―el 13 de agosto de 1868― se inauguró la primera línea, entre Raincy a Montfermeil, en el nordeste de París, de 5 kilómetros de longitud. Posteriormente, este mismo recorrido fue servido por un tranvía convencional, primero de vapor y después eléctrico.
 
 
El parque estaba formado por una única locomotora, de tres toneladas de peso, y diez coches de viajeros. Teóricamente, la velocidad máxima de la locomotora era de 16 km/h, podía superar rampas de hasta 72 milésimas y el radio mínimo de inscripción en curva era de tan solo 5 metros.
 
Sin embargo, esta primera línea ya permitió hacerse una idea de los problemas del sistema, y, de hecho, la línea fue clausurada dos años después, según parece, por los desperfectos causados por la guerra franco-prusiana.
 
EL MONORRAÍL LARMANJAT EN PORTUGAL
A pesar de la mala experiencia francesa, fueron diversas las líneas concedidas para el establecimiento de líneas de monorraíl del sistema Larmanjat para comunicar Lisboa con algunas poblaciones cercanas. El peticionario de todas era João Caldas de Saldanha Oliveira, segundo duque de Saldanha, un noble portugués que en 1868, durante su estancia en París, había conocido el sistema y había tenido la ocasión de participar en un viaje experimental en la línea de Raincy a Montfermeil, quedando convencido que se trataba, por la economía de su establecimiento, de la solución a la movilidad de la ciudad de Lisboa.
En concreto las fechas en que fueron concedidas las diferentes líneas son las siguientes:
  • 25 de octubre de 1869: línea de Lisboa a Leiria, pasando por las poblaciones de Lumiar, Torres Vedras, Caldas da Rainha y Alcobaça.
  • 11 de julio de 1871: línea de Lisboa a Sintra.
  • 29 de agosto de 1871: línea entre Belém (Lisboa), aunque posteriormente se solicitó su prolongación hasta Alcántara (en un punto de la ciudad algo más céntrico) y Cascais.

De las tres líneas citadas, únicamente se construyeron las dos primeras, por parte de la empresa Lisbon Steam Tramways Company, de capital inglés, a quien el duque de Saldanha había transferido sus derechos.


1. Línea de Lisboa a Lumiar
Al parecer el primer tramo de monorraíl Larmanjat inaugurado en Portugal fue el que conectaba Lisboa (con la estación terminal en la zona de Arroios/Arco do Cego) y Lumiar, primera sección de una línea que debía llegar hasta Leiria.

El 31 de enero de 1870 se realizaron las primeras pruebas, que no resultaron muy satisfactorias, pues debido al día lluvioso, la locomotora, conducida por el propio Lamarjat, no pudo afrontar una fuerte rampa situada en la zona de Arroios, por lo que se decidió desenganchar uno de los dos coches de la composición, de manera que la locomotora completó el viaje con uno de los coches y hubo de regresar a buscar el segundo vehículo.
A pesar de ello, cinco días más tarde, el 5 de febrero, se inauguró dicho primer tramo, con la presencia del propio rey Luis I, y al día siguiente el convoy realizó tres viajes de ida y vuelta abiertos al público de manera gratuita.

Son escasos los datos encontrados sobre esta primera experiencia. Al parecer, a partir de 1873 parte de su recorrido se integró en la línea de Lisboa a Torres Vedras, de la que hablaremos más adelante.


2. Línea de Lisboa a Sintra
De la mano de la compañía inglesa, la línea de Lisboa a Sintra fue inaugurada oficialmente el 2 de julio de 1873 y tres días después se habría al servicio. En los cuatro coches remolcados viajaban un número importante de personalidades, entre los que destacaban el Director General de Obras Públicas y los constructores ingleses William Major y F. H. Trevithick, hijo mayor de Richard Trevithick. 
Su longitud era de 26 kilómetros y seguía un trazado similar, aunque no coincidente, con la actual línea de ferrocarril explotadas por Comboios de Portugal (CP).
La estación de Lisboa se encontraba en Porta do Rego, algo alejada del centro de la ciudad, por lo que la compañía estableció una segunda estación en el número 181 de la calle de Portas de Santo Antão, que se comunicaba con la anterior mediante un sistema de carruajes tipo «rippert». El recorrido del monorraíl pasaba por Sete Rios, Benfica, Porcalhota (hoy día Amadora), Ponte de Carenque, Queluz, Cacém, Rio de Mouro y Ranholas hasta llegar a la preciosa localidad de Sintra.

El trayecto se realizaba en una hora y 55 minutos. Las composiciones estaban formadas por coches de primera y tercera clase, y el precio del viaje oscilaba entre los 550 y los 400 reales, respectivamente.
La explotación de la línea fue ruinosa desde sus inicios, con descarrilamientos y averías constantes, que provocaban grandes retrasos (en algún caso el trayecto entre Lisboa y Sintra se llegó a realizar en ¡7 horas!). Al parecer era habitual que en la composición se llevaran varios sacos de arena para aumentar la adherencia, sobre todo en los días de lluvia. A causa de todas estas incidencias los pasajeros optaban a menudo por realizar ese mismo trayecto en carruajes aunque su tiempo de recorrido fuera teóricamente mayor

A pesar de los intentos desesperados de la compañía (aumento de la frecuencia horaria y disminución de los precios), el servicio fue suspendido provisionalmente el 8 de abril de 1875 y poco después la empresa se ​​declaró en quiebra. Aunque el servicio fue retomado posteriormente, el cierre definitivo de la línea se produjo en 1877, tan sólo cuatro después de su inauguración.
 
3. Línea de Lisboa a Torres Vedras
Pocos meses después de abrirse al público la línea de Sintra, el 4 de septiembre de 1873 se inauguraba oficialmente la segunda línea, entre Lisboa (Portas de Rego) y Torres Vedras. La apertura al público se produjo dos días después.
El trayecto, de 54 kilómetros, era recorrido teóricamente en 4 horas y 20 minutos, frente a las seis o siete horas que duraba el viaje en diligencia. Las estaciones del recorrido eran Portas do Rego, Campo Pequeno, Campo Grande, Lumiar, Nova Sintra, Santo Adrião, Loures, Pinheiro de Loures, Lousa, Venda do Pinheiro, Malveira, Vila Franca do Rosário, Barras, Freixofeira, Turcifal, Carvalhal y Torres Vedras (con un recorrido parecido al de la actual carretera nacional EN-8). El precio del trayecto oscilaba entre los 700 y 900 reales, según se hiciera en primera o tercera clase.
Su principal cometido, a diferencia de la línea de Sintra, especializada en el servicio de pasajeros, era el transporte de mercancías, especialmente de vino desde las zonas agrícolas.

Como la línea de Sintra, con la que compartía el inicio del recorrido, los accidentes fueron constantes y, a pesar de los esfuerzos de la compañía, la línea fue cerrada en la misma fecha que aquélla.



EL MATERIAL MOTOR
 Conocemos muy pocos datos de la locomotora que en 1870 permitió inaugurar el primitivo trayecto entre Lisboa y Lumiar, excepto su nombre (LUMIAR) y el hecho que esta misma locomotora fue la que se utilizó en la inauguración de la línea de Sintra.
Como una única locomotora era insuficiente, para la puesta en servicio de las líneas de Lisboa a Sintra y a Torres Vedras (y las ampliaciones previstas y no realizadas, como la línea de Cascais), lo compañía realizó un encargo de dieciséis locomotoras a la firma Sharp Stewart, aunque al parecer únicamente se construyeron las dos primeras. Algunas fuentes apuntan que las locomotoras fueron construidas en 1873, pero lo cierto que por lo menos una de ellas realizó las primeras pruebas ya en noviembre de 1871.  Sea como fuera, recibieron los números de fábrica 2254-2255, mientras en la compañía recibieron respectivamente los nombres 1 LISBOA y 2 CINTRA (antigua denominación de Sintra).

Las otras catorce unidades, no entregadas (y de hecho, no sabemos si construidas o no), recibieron los números de fábrica 2270-2275 y 2286-2293, al parecer nuevamente, de 1873.

Se trataba de unas unidades realmente curiosas, que podríamos denominar como de rodaje 2-1-2, es decir, dos conjuntos, delantero y trasero, de pequeñas ruedas para contacto con el carril central y una gran rueda lateral, pero en posición central respecto el cuerpo de la locomotora, para asegurar la estabilidad del sistema. Dicha rueda, de 1.143 mm de diámetro, parce ser totalmente lisa, sin ningún tipo de pestaña. Rodaje aparte, se trataba de una locomotora de vapor convencional, con caldera horizontal, un gran domo central y cilindros interiores (de 457,2 × 279,4 mm). Como sistemas de aviso, contaban con silbato de vapor y una campana situada frente a la cabina de conducción, que era abierta.
Antes de su envío a Portugal, la locomotora núm. 2 CINTRA fue probada en un circuito de pruebas de poco más de 500 metros de longitud construido en Epping Forest, Buckhurst Hill, en el sudeste de Inglaterra. Porqué una firma con sede en Manchester decidió esta localización es un misterio. Como hemos indicado anteriormente, las primeras pruebas se realizaron en noviembre de 1871, lo que demuestra que por aquellas fechas las locomotoras ya estaban terminadas. Hubo otras pruebas de demostración para los miembros del consejo de administración de la compañía los días 28 de diciembre de 1872 y 3 de enero de 1873. Ya en estas últimas, a causa del ambiente húmedo debido a las lluvias del día anterior, se pudieron de manifiesto ciertos problemas de adherencia de la locomotora.
 
 
Según parece, los coches de viajeros fueron construidos por la firma Brown & Marshalls, de Birmingham. Los pasajeros accedían a los coches por ambos laterales y se sentaban en posición central espalda contra espalda. Al parecer, la capacidad de cada coche era de 18 pasajeros, todos sentados.

De los posibles vagones de mercancías, utilizados en la línea de Torres Vedras, no hemos encontrado ningún tipo de información y, de hecho, no aparecen en ninguno de los grabados conocidos, por lo que no está clara su existencia.
 
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 Más información en:
  • ALMEIDA, Jaime Fragoso (2004). O incrível comboio Larmanjat. Mediatexto: Lisboa. 128 p.
  • Annales Industrielles, vol. II, 4 de abril de 1870 (p. 304-308) y 20 de abril de 1870 (p. 369-374).
  • The Engineer, 10 de enero de 1873 (p. 18) y 18 de abril de 1873 (p. 232-233).
 

martes, 3 de junio de 2014

Una nueva y excelente fotografía de la CGT

Gracias a la gentileza de Josep Maria Galindo, participante activo en los foros del portal Forotrenes, hemos conocido una nueva y excelente fotografía del tranvía de vapor de Sarrià (CGT).
 
Si no me equivoco, la imagen está tomada en el paseo de la Bonanova, con la iglesia del mismo nombre en segundo plano. La foto es del fondo AFB y está atribuida a J. Anglada y se supone que es de aproximadamente 1900.
 
La locomotora que encabeza la composición es la número 4, una de las 12 unidades adquiridas a partir de 1888 a la firma Falcon tras el cambio de ancho de la línea y que sustituyeron a las fallidas locomotoras SLM.
 
 

 

miércoles, 16 de abril de 2014

23 de abril: presentación del libro de los tranvías de vapor de Madrid

El próximo día 23, festividad de Sant Jordi y día del libro, se hará la presentación del libro sobre los tranvías de vapor de la ciudad de Madrid, segundo volumen de la colección sobre los tranvías de vapor en España.
 
La cita será en el Museo del Ferrocarril en  Delicias a las 18h. Será un placer contar con vuestra asistencia a dicho acto y poderos saludar en persona.
 
Durante el acto se podrá adquirir dicho ejemplar con un 15% de descuento sobre el precio de venta habitual.
 
El programa completo de la noche de los libros se puede encontrar en el siguiente enlace.
 

miércoles, 12 de marzo de 2014

Las locomotoras Leonard Todd del tranvía de la costa (Santander)

Como anunciábamos en una entrada anterior, y con retraso con lo originalmente previsto (en parte motivado por la "acumulación" de proyectos bibliográficos; véase la página de libros en preparación de MAF), publicamos la entrada sobre las interesantísimas locomotoras construidas por Leonard Todd para el tranvía de la Costa (o de Ganadarillas) de Santander.


Historia

En relación con su volumen de población, Santander fue una de las ciudades españolas con una mayor densidad de tranvías de vapor, pues a lo largo de su historia, la capital cántabra contó con hasta tres líneas que usaron dicho sistema de tracción. Se da el caso que dos de las tres líneas conectaban la ciudad con la zona del Sardinero, al norte de la misma y muy frecuentada por bañistas y veraneantes debido a sus magníficas playas y a los diversos establecimientos turísticos y de salud (balnearios, casas de baños, restaurantes…) que allí se instalaron. Se trataba de los llamados tranvías de Gandarillas y del Pombo, mientras que la tercera línea era de tipo urbano (de hecho, su nombre era «Tranvía Urbano», si bien fue objeto de una extensa prolongación hasta Peña Castillo (para más información véase la excelente doble entrada dedicada a los tranvías de Santander en el blog Historias del Tren, de Juanjo Olaizola).

Cronológicamente, el primer proyecto que existió para construir un tranvía entre la ciudad y el Sardinero data de 1864, aunque hubo que esperar al llamado «tranvía de la costa» o de Gandarillas (por ser este el apellido de su principal promotor) para conectar ferroviariamente ambos núcleos.

Dicho proyecto fue presentado en 1872 por Pedro Ruiz Castellanos y Juan Manuel Morales García, domiciliados ambos en Madrid. El ancho de vía sería de 1.435 milímetros (posteriormente se reduciría a 1.400 mm) y la vía sería tendida con carriles de tipo Loubat con barras de 19 o 20 kilogramos per metro lineal. Aunque no había ninguna referencia explícita al sistema de tracción, éste sería mediante caballerías, aunque al cabo de poco tiempo, como veremos, se presentó la solicitud para su sustitución por locomotoras de vapor.

Tras obtener el visto bueno de las secciones tercera y cuarta de la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos el 9 de octubre de 1872 y del Negociado de Puertos el día 28 de ese mismo mes, el 3 de diciembre siguiente se aprobó el decreto de concesión así como el pliego de condiciones que debía regir la línea.

Diez días más tarde, el 10 de enero de 1873 la línea fue concedida, en la parte relativa a los terrenos de dominio público, a sus peticionarios por el rey Amadeo de Saboya, siendo publicado a continuación en la Gaceta de Madrid el pliego de condiciones que debía regir la misma.

Poco tiempo después de la obtención del permiso de la sustitución del motor a sangre por la tracción a vapor, los promotores de la línea transfirieron la concesión al empresario Santos Gandarillas y Udaeta, verdadero impulsor de la línea.

Vista parcial de la playa del Sardinero. Postal comercial. Colección del autor


Tras varias prórrogas, las obras prosiguieron normalmente y, finalmente, el 2 de octubre de 1874 se procedió al reconocimiento de las mismas por parte del Ingeniero Inspector encargado de la línea y del Ingeniero encargado del servicio marítimo, tras el cual se firmó, el día 20 de ese mismo mes, la consiguiente acta, paso previo a la autorización para la puesta en servicio del tranvía.

Debido a la fecha de finalización de sus obras de construcción, el tranvía no pudo ser inaugurado hasta la siguiente temporada de verano, entrando oficialmente en servicio en servicio el 24 de junio de 1875.


La cuestión del sistema de tracción. El fracaso de las locomotoras Todd

La primera referencia al cambio en el sistema de tracción de la línea, de las caballerías originalmente previstas al uso de locomotoras de vapor, la encontramos en el mes de enero de 1873, cuando la Gaceta de los Caminos de Hierro, reproduciendo la noticia publicada en un periódico local, afirmaba que el tranvía sería servido por «pequeñas locomotoras».

Hubo que esperar un par de meses para que la noticia sobre el cambio en el sistema de tracción se confirmase: el 5 de marzo de 1873, los promotores originales de la línea presentaron una instancia para la sustitución del sistema de tracción, de las caballerías establecidas en el proyecto original, al uso de las locomotoras de vapor «denominadas silenciosas de la invención de Leonard Todd de Inglaterra, toda vez que además de no ofrecer peligro alguno en la circulación ha sido ya autorizado por el municipio para la sustitución en la sección del camino comprendida en terrenos de la Municipalidad de Santander». Dicha petición fue finalmente autorizada el 28 de marzo siguiente.

A este respeto hay que hacer dos anotaciones importantes: en primer lugar, sobre la excepcionalidad de la fecha en que se realizó dicha solicitud, ya que constituye el primer intento de aplicar la tracción a vapor a un tranvía urbano español y, de hecho, pocas ciudades europeas habían ensayado o aplicado de manera regular este sistema de tracción mecánica. Sorprende, pues, no tan solo la solicitud por parte de los concesionarios, sino, y de manera especial, la respuesta positiva tanto del Ayuntamiento de Santander como, posteriormente, del Ministerio de Fomento, como veremos a continuación.

En segundo lugar, tal y como se verá de manera más detallada en el apartado de dedicado al material motor, la elección del citado constructor ―Leonard J. Todd― no deja de ser sumamente curiosa, pues se trataba de un fabricante casi «artesanal» con escasa experiencia en la construcción de locomotoras de vapor, y, de hecho, sus únicas realizaciones para tranvías fueron las unidades probadas ―existen dudas sobre su número exacto― en la ciudad de Santander, al parecer construidas en 1871 y que, por tanto, se erigen como una de las primeras locomotoras de vapor tranviarias construidas para una red europea.

El tranvía de Santander al Sardinero se convertía, así, en el primer tranvía español de tipo urbano en el que se autorizaba el uso de la tracción a vapor. 

Ello, sin embargo, no significa que en el momento de la inauguración de la línea, algo que como sabemos ocurrió en 1875, el sistema de tracción fuese el vapor, sino que, por el contrario, durante las temporadas veraniegas de 1875 y 1876 se usó la tracción mediante caballerías.

El motivo de este hecho hay que buscarlo en el fracaso que constituyeron las pruebas de las locomotoras de Todd que se realizaron durante el verano de 1874 y que podemos seguir gracias a la labor investigadora realizada por Manuel López Calderón en la prensa local de la época, especialmente en el periódico El Aviso.

A partir de dicha fuente sabemos, por ejemplo, que Gandarillas estuvo en Londres «para arreglar diferencias con el fabricante de las máquinas» y poco después, el 22 de julio siguiente, las locomotoras ―en número indeterminado, aunque lo más probable es que se tratara de tres unidades― llegaron al puerto de Santander. 

Las pruebas se iniciaron el día 29 de ese mismo mes e inicialmente se desarrollaron de manera satisfactoria, siendo objeto de elogios por la prensa local.

Sin embargo, pese a estos resultados iniciales satisfactorios, tan solo una semana más tarde leemos la voluntad de Gandarillas de introducir algunas modificaciones en la las locomotoras, al parecer, no contento con el resultados obtenidos.

Aunque no hemos podido confirmarlo, es probable que la necesidad de dichas modificaciones implicase el regreso de las locomotoras a Escocia para que fuese el propio constructor quien las llevase a cabo dado su envergadura. Por motivos que desconocemos, pero que podemos imaginar dada la complejidad mecánica de las locomotoras, lo cierto es que nunca más regresarían a Santander, poniéndose fin a esta interesante y pionera experiencia.


El constructor: Leonard J. Todd

El constructor elegido para el suministro de las locomotoras a usar en el tranvía de Santander fue Leonard J. Todd, de Leith (Escocia), opción realmente sorprendente por tratarse de un ingeniero sin, al parecer, experiencia previa en la construcción de locomotoras de vapor, aunque posteriormente diseñó un ómnibus de vapor para la línea de Edimburgo a Leith, con el nombre EDINBURGH y un locomóvil para carretera bautizado CENTAUR, así como diversos modelos de caldera vertical. 


Autobús de vapor para la línea de Edimburgo a Leith, diseñado por Todd. Fuente: The Engineer


Locomóvil CENTAUR, diseñado por Leonard Todd. Fuente: The Engineer


La relativamente abundante literatura existente sobre tranvías de vapor británicos coincide en afirmar que la locomotora fue construida (o por lo menos, diseñada) en 1871, información que, sin duda, ha trascendido de autor a autor. Sobre esta afirmación hay que hacer dos puntualizaciones: la primera se refiere al año de construcción, pues creemos que la fecha señalada hace referencia en realidad al año en que la locomotora fue diseñada, ya que, como sabemos, de hecho por aquellas fechas aún no se había presentado el proyecto de construcción del tranvía (algo que realmente sucedió en 1872), ni mucho menos se había decidido por dotar la línea de tracción mecánica (como acabamos de comentar, la solicitud en este sentido es de 1873). Por tanto, nos decantamos a pensar que la fecha exacta de la construcción pudiera haber sido, en realidad, 1873. Otra opción, que desgraciadamente tampoco podemos descartar ―aunque parece poco probable debido a los problemas surgidos durante las pruebas realizadas―, es que la locomotora no fuese adquirida nueva por el tranvía de Gandarillas y que en 1874 ya tuviera cierto uso previo, algo poco probable debido a su peculiar ancho de vía.


Las locomotoras

La otra cuestión a comentar hace referencia al número exacto de locomotoras que Todd suministró: aunque hasta ahora nos hemos expresado en el texto como si de una sola unidad se tratara ―y así lo afirman las obras británicas anteriormente citadas―, las informaciones publicadas en la prensa cántabra sobre las pruebas realizadas en 1874 nos permiten saber que el número de locomotoras enviadas a España fue de tres. Ello explicaría por qué los grabados conocidos de las unidades construidas por Todd muestran aparentemente una misma locomotora con dos nombres distintos: PRIMA DONNA y SANTANDER. Por razones obvias, nos decantamos a pensar que la primera denominación se refiere a la unidad primitiva construida por Todd (su nombre significa «primera mujer» en italiano), mientras que el nombre de la segunda nos remite ineludiblemente a la línea cántabra (desconocemos el de la tercera unidad, pero sería lógico pensar que pudiera llamarse SARDINERO, pues era relativamente habitual que la denominación de las primeras locomotoras de una compañía remitiesen a las dos localidades extremas unidas por la línea férrea en cuestión).

Gracias a los textos del propio constructor y a los numerosos grabados existentes ―que reproducimos aquí―, conocemos relativamente bien las características de las unidades enviadas a Santander.

Plano general de la locomotora. Colección autor

De rodaje 012T (algo realmente inusual, aunque en realidad en todos los esquemas conocidos la locomotora circulaba en posición invertida, para convertirse así en una 210T), fue concebida para evitar al máximo la emisión de ruido, humo y vapor, y «tiene grandes facilidades para ponerse en marcha y detenerse con rapidez». Estaba dotada de una caldera de gran capacidad de agua y con un hogar muy pequeño. En palabras del propio autor, 

La caldera y todos los forjados son de hierro Lowmoor, y siempre que sea posible, las superficies, incluso para las articulaciones del aparato de tracción, están templadas por cementación, pues todas las locomotoras de la carretera tienen que lidiar con una cantidad mucho mayor de polvo insidioso que cualquier otro motor ferroviario habitual. Las cajas de fuego son de cobre, ya que aunque son de pequeñas dimensiones, todavía son objeto de un intenso calor, y los tubos son de latón. El engranaje es mediante ruedas dentadas y la mayor parte de las piezas coladas metálicas son de acero. Los discos de las ruedas de conducción proceden de Arboga (Suecia), con neumáticos Lowmoor para ganar adhesión en lo posible en un carril de la calle resbaladiza, por lo que unido a su gran diámetro y el peso que llevan los hace correr un gran kilometraje. Las ruedas motores principales y del bogie son intercambiables con las ruedas de los coches; estas ruedas son igualmente discos Arboga. El cigüeñal hace 150 revoluciones a una velocidad de diez kilómetros por hora. Los cilindros no están encamisados. En estos motores se desea que los cilindros puedan estar siempre húmedos con la condensación, y por lo tanto, se quiere lubricar los pistones y las válvulas sin la gran cantidad de grasa que un cilindro encamisado caliente seco requiere.


Sección de la caldera. Colección autor


Las locomotoras estaban diseñadas para arrastrar dos coches de viajeros de dos pisos, con capacidad para 76 viajeros, por lo que su chimenea, practicable, se elevaba hasta los 4.394 mm y superar, así, la altura de los coches. Desconocemos si los coches también fueron probados en Santander o bien se usó la locomotora sola o remolcando cualquier otro tipo de coches.

 Gravado procedente del tratado de tranvías publicado por Clark (1881) en la que se aprecia una de las locomotoras Todd remolcando un coche de viajeros de pos pisos.

Como se ha comentado, las tres locomotoras construidas por Todd llegaron al puerto de Santander en el mes de julio de 1874 y tras unas primeras pruebas con resultados aparentemente satisfactorias, fueron devueltas al fabricante para hacerles reparaciones de cierta envergadura, práctica que creemos que no llegó a materializarse pues las locomotoras ya no volvieron a la Península. Desconocemos el final real de estas unidades, pero nos decantamos por pensar que ya no volvieron nunca más a circular, pues no hemos encontrado ninguna referencia sobre su uso en Gran Bretaña.